TRANSLATOR

Select language


"Fantasía"

(Walt Disney Pictures, 1940)

 

 

   «En una profesión que ha sido un viaje sin fin de descubrimientos en el reino del color, sonido y movimiento, FANTASIA representa nuestra aventura más emocio-nante».

Walt Disney

 

Walt Disney y Leopold Stokowski
Walt Disney y Leopold Stokowski

   La hermosa y equilibrada película FANTASIA de Walt Disney fue realizada en 1940 y su música fue interpretada por la famosa Orquesta de Filadelfia bajo la batuta de Leopold Stokowsky. Se divi-de en siete partes, eviden-ciando así, una vez más, todo lo septenario y espe-cialmente equilibrado que es el Universo.

 

   Cada una de estas partes es una pieza musical diferente expresada en movimientos rítmicos de luz y color verdade-ramente fascinantes, los cuales llevan al espectador a los rincones más olvidados de su conciencia sumergiéndole en un devenir de melodías que se suceden unas a otras a la vez que las imágenes se intercalan ante la vista; todo esto simbolizando los siete planos de nuestro sistema solar como se muestra en la tabla. La fantasía, la magia y las impresiones visuales de todo tipo se desbordan y parecen brotar de la pantalla; en este ámbito todas las cosas son concebibles.


Plano  Pieza Musical    Autor  Expresión  
ADICO 

Toccata y Fuga

en do menor 

J. S. Bach Lo indefinido, lo que da paso a la Creación
MONÁDICO El Cascanueces Tchaikovsky

El Espíritu, la Mónada,

la Presencia Yo Soy

ÁTMICO El Aprendiz de Brujo Paul Dukas La imaginación
BÚDDHICO La Consagración de la Primavera Stravinsky

La Unidad,

la Eterna Primavera

MENTAL SUPERIOR

Sinfonía nº 6

(La Pastoral)

Beethoven Lo abstracto
MENTAL INFERIOR Danza de las Horas A. Ponchieli

El tiempo, el cálculo,

los pensamientos,

lo concreto

ASTRAL Noche en el Monte Pelado Musorgsky

El plano psíquico,

las emociones descontroladas

FÍSICO Ave María Shubert Materia espiritualizada
Charles W. Leadbeater
Charles W. Leadbeater

 

   El plano mental es el plano de la luz y del color, y no hay ningún otro plano donde encaje mejor esta película de Walt Disney que en él. Pero en específico la podríamos situar en las tres regiones superiores del mismo, o sea, en el plano Mental Superior o Abstracto, llamado también Causal o Mundo Celeste; allí donde el tiempo y el espacio ya no limitan las actuaciones.

 

   El Obispo C.W. Leadbeater nos comenta en su obra El Plano Mental:


   «Nada en la tierra es comparable a la dicha celeste ni nada es capaz de imaginarla. Si cupiera suponer la vida infantil mil veces espiritualizada que la del hombre, acaso tendríamos una débil idea de la felicidad en el mundo mental; pero aún este símil está muy lejos de la inefable y estupenda vitalidad espiritual del mundo celeste».

Maestros, aprendices y elementales:

 

   En primer lugar, nues-tro "mago" Disney, hace aparecer en pantalla la imponente composición del virtuoso alemán Jo-hann Sebastian Bach (1685–1750) arreglada para orquesta, dándole un realce especial que no posee la original com-puesta para órgano. Nos referimos a Toccata y fu-ga en do menor, la ya muy conocida pieza sobre teclado. (Llave Tonal del Maestro Ascendido Hilarión, Chohán del Rayo Verde de la Sanación, la Ciencia y la Consagración). 

 

   En segundo lugar nos presenta varios movimientos de la suite El cascanueces del compositor ruso Piotr Illich Tchaikosvky (1840–1893) que nos recuerda a los sutiles y delicados ele-mentales de la naturaleza en sus quehaceres propios, y nos invita a compartir con ellos los secretos de la Madre Naturaleza. Las hadas van despertando e iluminando, poco a poco, todo lo que tocan con su varita, mientras que las delicadas melodías parecen ratificarlo con música. (En el "Trepak" de esta suite se encuentra la Llave Tonal de las Salamandras del Fuego Violeta del Perdón y la Liberación).

 

   A continuación nos presenta la parte más densa, esotéricamente hablando, de toda su película El aprendiz de brujo, pieza compuesta por el francés Paul Dukas (1865–1935) y que es una adaptación de una balada del famoso poeta y esoterista alemán Goethe (1749–1832), autor del místico Fausto.

   Dentro de esta fascinante tercera parte, en la primera escena, se ve a un mago operando con las fuerzas invisi-bles de la naturaleza y creando una forma etérica de mariposa. Es muy bien sabido que los pequeños y a veces traviesos elementales de la tierra, el agua, el aire o el fuego acuden pron-tamente a la sabia invocación de un verdadero mago blanco, el cual ya ha subyugado su naturaleza inferior y no existe egoísmo alguno que enturbie sus planes de servicio desinteresado al prójimo. El mago, cansado, deposita su gorro para retirarse a su aposento. El gorro de tipo cónico representa el Sendero de Evolución, que es de forma cíclica ascendente como se muestra en la figura y que al ser colocado sobre la cabeza, enclave principal del cuerpo mental, nos indica que el hombre a través de su mente se puede convertir en un ser perfecto, en un mago, así como nos lo muestra gráficamente la primera carta del Tarot, el libro sagrado de Hermes.



    Además se asemeja a una flecha indicándonos el obje-tivo de nuestra evolución, Dios. Existen tres cruces que se relacionan íntimamente con la escala de evolución del ser humano, éstas son: la cruz gamada, la cual gira y representa al ser humano en la búsqueda de sus orígenes divinos; la cruz fija, dibujada en forma de la cruz que Jesús llevó hasta el Gólgota, y que representa el encuentro de lo que se buscaba y el abandono de lo mundano para conseguirlo; y la cruz cardinal, representada casi por una cruz latina en cuyo transepto superior, o sea la cabeza, se ubica una flecha dirigida hacia el cielo, pronosticando el eminente nacimiento al mundo espiritual. Tal es la evolución del ser humano.

 

   Un sombrero de este tipo es sinónimo de poder, y el pobre e inexperto, aunque atrevido, aprendiz lo toma prestado para solucionar sus pequeños problemas mundanos haciendo que una escoba, símbolo del trabajo físico, haga por él su labor de cargar con ciertos cubos de agua. Esto es utilizar el poder divino con fines egoístas; sin duda traerá problemas mayores. Sólo hay una energía en el Universo y ésa es la energía del Gran Arquitecto, de El Absoluto; Dios. El ser humano posee lo que llaman libre albedrío, y escoge su mundo según su voluntad.

 

   A veces, esa energía pura y cristalina que desciende de la Divinidad se torna sucia y grosera al pasar por una mente egoísta y malvada, fabricando creaciones inarmoniosas en su mundo y en el de otros. Éste no es el caso de nuestro simpático aprendiz, pero podría llegar a serlo si se descuida y se suelta a sus sentidos completamente ilusorios.

 

   Helena P. Blavatsky en su magnífica obra La Voz del Silencio, se refiere a este hecho diciendo:

 

   «Cuando tu alma en capullo presta oído al bullicio mundanal; cuando responde a la rugiente voz de la Gran Ilusión; cuando temerosa a la vista de las ardientes lágrimas de dolor, y ensordecida por los gritos de desolación, se refugia tu alma, a manera de cautelosa tortuga, dentro de la concha de la personalidad, sabe, discípulo, que tu alma es altar indigno de su "Dios" silencioso... Esta tierra, oh ignorante discípulo, no es sino el sombrío vestíbulo por el cual uno se encamina al crepúsculo que precede al valle de la luz verdadera; luz que ningún viento puede extinguir; luz que arde sin pabilo ni combustible».

 

 

   Nuestro aprendiz comienza a sentirse todo un mago y experto maestro en las artes mágicas, pero pronto saboreará el fruto amargo de utilizar una fuerza que no se ha ganado por méritos propios, pronto se dará cuenta del error cometido por su insensatez. Completamente despreocupado, se sumerge en un extraño sueño y se ve su cuerpo astral separarse de su contraparte física (la cual queda aletargada y casi inerte), y mostrar las energías siempre movientes y cambiantes, como el agua, del plano astral, que con suma audacia parece dirigir y controlar. Ha desencadenado por completo las aguas torrenciales de las emociones y pronto se verá sumergido en medio de ellas sin control.

 

          

   Cuando por fin "despierta", observa a la escoba haciendo irónicamente su trabajo con efectividad. Intenta pararla, pe-ro ya es demasiado tarde; su escasa experiencia no le alcanza para controlar la situación. Su propio poder ahora se revierte contra él. Trata de luchar, pero mientras más persiste y usa la fuerza divina, aún más empeora el panorama. La escoba se mul-tiplica y cada vez hay más «agua», hasta tal punto en que se ve sumergido por completo y envuelto en un gran torbellino, cuya tabla de salvación se presenta como el libro del mago, o sea la Sabiduría, cuyas páginas permanecen impermeables, y allí se sube aterrorizado, dispuesto a no perder su vida. Pero de nada sirve al ingenuo aprendiz el conocimiento no vivido por sí mismo, de poco le vale la lectura o la proximidad a los libros si no practica lo que aprende, pues de igual manera es arrastrado por el desolador torbellino. Justo en ese momento, aparece el mago, el Maestro equilibrado, quien ha convertido el conocimiento en Sabiduría en el crisol de la vida, y en un instante tranquiliza las aguas y pone todo en orden.

 

   Esto es una lección muy grande. Dios no abandona a nadie por muy ignorante e imprudente que sea, siempre está presente para ayudar a sus hijos.

Los Siete Días de la Creación

 

   Walt Disney continúa con la famosa composición del ruso Igor Fedorovich Stravinsky (1882–1971), La consagración de la primavera, escrita para el también ruso y afamado bailarín Vaslav Nijinsky, y que nos muestra el surgimiento de la manifestación desde la noche de los tiempos; la Creación del Universo. En su Doctrina Secreta, Helena P. Blavatsky hace un estudio profundo de, al parecer, el libro más antiguo del planeta Las Estancias del Zyan, el cual se divide en siete slokas o dísticos y que tienen su eco en los siete «días» de la Creación de la Biblia. Está escrito en símbolos y es sólo comprendido en su totalidad por los altos iniciados y Maestros de la Jerarquía Espiritual. 

 

El Olimpo Mágico

 

  Luego continúa con la Sinfonía Nº 6, la Pastoral, del formidable genio alemán Ludwig van Beethoven (1770-1827). «Abandonado, ca-lumniado e incomprendido, a quien le era imposible disfrazar sus opiniones y sentimientos: violento en el lenguaje, más puro de intención». El autor de la composición musical más grande de todos los tiempos, la Novena Sinfonía, que a pesar de carecer del órgano de la audición física, logró escuchar la sublime música de las esferas y levantar un punta del velo de Isis, como dijera Mario Roso de Luna, para plasmar los planos divinos en su intenso pentagrama. 

 

   Se escenifica en la morada de la eterna primavera, el Monte Olimpo de la mitología griega, el mismo cielo, en el que según nos dice Plinio «no existían lobos», y donde se reúnen todos los dioses. Es el Shamballa de la tradición esotérica, el lugar donde la Voluntad de Dios es conocida. Dentro de esta hermosa pieza musical, en específico el 5to. movimiento, justo el que nos muestra Disney, se encuentra la clave sonora o llave tonal que abre las puertas a la radiación de este real y sagrado centro, el más importante de toda la Jerarquía Espiritual. Fue al final de la raza lemúrica, habrá unos dieciocho millones de años, estando el hombre en estado prácticamente animal, cuando fue fundada dicha Jerarquía o Hermandad de seres perfeccionados.

 

   En aquel entonces, el ser humano se encontraba en un estado intermedio entre animal y hombre, y la mitología los denominó unicornios, faunos. Por eso Disney recrea esos faunos, unicornios y demás seres mitológicos de esta clase en esta 5ta. parte de su película. Al final, después de una gran tormenta, sale el sol, se despejan las nubes y emerge el mítico arco iris con los siete rayos.

La Luz vence al final

 

   Disney ahora sigue con la famosa Danza de las horas, la cual forma parte del 3er. acto de la ópera del italiano Amilcare Ponchielli (1834–86). Y, para finalizar, como séptima y última parte, coloca la melancólica obra del ruso Modest Petrovich Mussorgski (1839–81), reinstrumentada por Nikolai Rimski-Korsakov, llamada Noche en el monte pelado, conjuntamente con la inspiradora composición del austríaco Franz Peter Schubert (1797–1828) el Ave María (Llave Tonal de la Amada Madre María). Al parecer, no tiene sentido que dos obras tan diferentes conjuntamente sean el final de esta película, pero ahora veremos como sí adquiere sentido al relacionarlas esotéricamente.

 

   En la primera parte se muestra una explosión de lo inferior, de lo animal y brutal, por ello se ven decenas de pequeños demonios simbolizando nuestros pensamientos y sentimientos mezquinos y sucios que sólo buscan gratificarse por egoísmo. Estamos hablando del plano de las ilusiones, de Maya, donde a veces esa misma ilusión nos parece la más visible y tangible realidad. Es el plano del conflicto entre las fuerzas del bien y el mal. 

   Aparece también lo que se ha llegado a denominar como Guardián del Umbral, y que no es más que la suma o acu-mulación de todo lo negativo que hemos fabricado a lo largo de todas nuestras reen-carnaciones. Dentro del libro La Voz del Silencio, antes mencionado, se refieren a él como Mara, el gran ilusionador, el destructor; el mismo que tentara a Gautama Buddha cuando éste último se encontraba bajo el árbol Bo a punto de alcanzar el Buddhado o Iluminación, y a Jesús en el desierto de Judea.

 

   No es más, como dije, que la acumulación de nuestros vicios que nos mantienen atados a las cosas inferiores y que se nos presenta en el momento final antes de la salida del sol en nuestras vidas para procurar hacernos caminar hacia atrás. Disney es muy inteligente al colocar esta pieza como la última o más inferior de todas, como el mismo plano físico lo es, pero sin embargo la enlaza con la pureza y dulzura del Ave María que invoca la presencia mística de la Madre María, sinónima de pureza y bondad.

 

   Todo esto nos recuerda que el mal es simplemente una ilusión y que realmente todo finaliza, así como esta película, con la luz del sol. Igual sucede con el famoso libro de San Juan, El Apocalipsis.


   Los demonios, en pleno baile escuchan las campanas de la iglesia y a un coro de feligreses que entonan sus loas a la Virgen, o sea a la pureza. Todos en ese momento salen despavo-ridos. Cuando se presenta la Luz, las tinieblas simplemente se desvanecen. La campana es el símbolo angélico por excelencia. Su tañer atrae sus radiantes presencias, la radiación divina aumenta y el ambiente se clarifica. La campana también es un símbolo crístico, y por ende solar. Por eso, mientras ellos cantan va amaneciendo y el sol va ascen-diendo cada vez más por el horizonte. Vence la pureza al final.

 

«FANTASIA es eterna. Puede durar diez, veinte, treinta años. FANTASIA es una idea ella misma. No podré hacer otra. Lo puedo mejorar. Lo puedo elaborar. Eso es todo».

Walt Disney

 

(Extractado del libro "Los Cuentos de Hadas en el Cine",

de Juan Carlos García)