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Episodio del Teatro Desaparecido

Brother Bill

 

   «Recuerda, hijo mío, que cuando tu Luz Interna comienza a brillar, es necesario mantener tu “Vigi-lancia Crística”. En vista de que las polillas son atraídas a la luz, éstas se hacen tan tupidas que a veces la oscurecen; eso también harán quienes han partido desde esta tierra, a veces vienen a asolearse en tu radiación. Con o sin tu conocimiento ellos a menudo oscurecen tu luz. Entonces pide que la Luz Blanca de tu Cristo mantenga la vigilancia sobre ti.»

—BROTHER BILL

 

    «Entre tanto que tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de la luz.»

—JUAN 12:36

 


 

   Este episodio es, quizá, el más inusual de este tipo de entre todos los que experimenté. Aún así, como todos los demás, la explicación es perfectamente sencilla para Dios. En cuanto a mí concierne, ni siquiera puedo intentar una explicación.


   ¿Quién soy yo para tratar de hacerlo? Sin embargo, sí puedo dar testimonio de lo que ocurrió en la ciudad de Cleveland, Ohio. Hasta el día de hoy no he sido capaz de explicar esta singular circunstancia, ni el hecho de que el teatro en el cual ocurrió, desapareciera de la cuadra —o tal vez de la faz de la Tierra. ¿Quién puede cuestionar los trabajos de Dios, que trabaja en forma misteriosa al ejecutar Sus milagros?


   Viajando como lo hacíamos por todo el país, habíamos escuchado de ciertas películas que se relacionaban con nuestro curso de pensamientos o que contenían grandes verdades, y que eran un entretenimiento para los estudiantes. Una de esas películas era, por ejemplo Lost Horizons (Horizontes Perdidos). En nuestros viajes, hacíamos en esfuerzo por ver las películas de las que oíamos a pesar del hecho de que yo a menudo daba conferencias al mediodía y en la tarde durante diez días, y luego hacíamos un día de apariciones en las ciudades pequeñas y pueblos hasta mi próxima clase de diez días.

   En esta ocasión, mi clase en la ciudad iba a comenzar en pocos días. Aproveché la oportunidad para descansar y recuperarme, y era durante esos días de espera en que algunas veces disfrutaba una buena película.


   Yo había llegado tarde al hotel la noche anterior, por lo que dormí hasta más tarde de lo acostumbrado esa mañana.

 

   Después de un refrescante baño y afeitada, le dije a mis secretarias a dónde iba pero que podría no regresar hasta alrededor de las cinco de la tarde cuando podríamos ir a cenar en la cafetería.

 

   Salí a almorzar, y después de una comida satisfactoria, comencé a buscar una película interesante.

 

   Cerca de la segunda entrada desde la cafetería, en el lado opuesto de la calle, había un pequeño teatro. Ordinariamente no asistimos a las pequeñas salas de cine porque generalmente resultaba que ya habíamos visto la película que se estaba proyectando. Sin embargo, en esta ocasión la película era una de las que estaban en nuestra lista; ¡había que verla de todas maneras! El nombre de la película era creo, Second Floor Back (Segundo Piso Atrás).

 

   Algunas películas nos atraían tanto que no podíamos resistirnos a verlas hasta el final la segunda vez si uno había llegado a la mitad de la película. Disfruté la película completamente, y para cuando terminé de ver la película completa, era ya tiempo de regresar al hotel.

 

   Cuando me reuní con mis trabajadores y secretarias, les dije que estuve viendo la película y comenté que podría ser de provecho para todos si la veían. “Yo podría verla otra vez y disfrutarla,” —dije.

 

   “Vayamos después de la cena,” —sugirió alguien. “Es un hecho,” —aprobaron los otros, así que fuimos a cenar y luego a ver Second Floor Back.

 

   En cuestión de un momento estábamos en el frente del edificio transversalmente a la cafetería —pero, ¿qué era esto? ¿qué había pasado? El teatro no era un teatro de ninguna manera ¡sino un almacén cerrado por ese día! En toda la cuadra no había teatro alguno. Miramos en las otras calles —ningún teatro estaba exhibiendo Second Floor Back. Finalmente preguntamos en otro cine, y el gerente de ese lugar nos dijo que no se estaba exhibiendo una película con ese nombre en ningún teatro de Cleveland. “Aquí está la cartelera, mírenla ustedes mismos,” —dijo él, entregándomela. Acudimos a los anuncios en los periódicos, y finalmente a la Asociación de Distribuidores de Películas. No se estaba exhibiendo tal película, ni siquiera en los suburbios.

 

   ¿Dónde pasé la tarde? ¿Cómo se explica el hecho de que yo podía contar la trama? ¿Cómo se explica el hecho de que esa película había sido hecha? Todas estas preguntas permanecen sin ser respondidas. Sólo sé que he encontrado gente que ha tenido una experiencia similar.

 

(Tomado del libro “Milagros de Hoy”,

de Brother Bill, Editorial Serapis Bey.)